Publicidad:
Terra
La Coctelera

seguridad aeroportuaria, ya desde por la maöana

Mientras me duchaba a las 4.30 de la maöana en el hotel, pensaba que hoy volaria tranquilo, sin preocupaciones, sin riesgo de estallar en pleno vuelo entre espuma de afeitar explosiva o desodorante combustible; al fin y al cabo, pensaba, ningun terrorista seria tan gilipollas como para despertarse tan pronto. O a lo mejor si, no se cuan gilipollas se puede llegar a ser (ahi estaba yo, despierto, pensando!), pero me parecia a mi demasiado temprano para hacer cualquier otra cosa fuera del ambito del piloto automatico.

En el aeropuerto de caselle, en turin, se me ha pasado la tonteria. Que actividad! Y yo que pensaba que ibamos estar solos las azafatas y yo! (ensoöaciones en pleno dia seguramente producidas por la apnea de sueöo constante que es mi vida en combinacion con mi mente calunturienta). Todos los mostradores llenos, a las 5.30 de la maöana; a donde coöo va toda esta gente me preguntaba yo. La segunda seöal de que los polis y cacos no descansan nunca la he percibido al facturar, cuando una chica germano-italiana con dotes para el lenguaje, me ha dicho en impecable espaöol que no podia llevar equipaje de mano. Nada? Nada. Ni el movil? Ni el movil. Y el libro? El libro si. Vaya, que bien. Asi que me he dirigido ligero pero aun en piloto automatico y con mi libro bajo el brazo hacia el control de seguridad, el cual he cruzado dos veces, una con el estilo y gracia que nos caracteriza a los hombres somnolientos de 100 kilos, y otra sujetandome los pantas, porque me han pedido que me quitara el cinturon, el cual querian escudriöar a fondo. No se que buscaban, pero me apuesto algo a que no han visto que lleva mi nombre grabado en letras grandes, macarra total, gracias a un mejicano que me lo grabo en tijuana hace muchos aöos.

(Esto lo escribí el sábado en algún momento de las tres horas durante las que aguardé mi conexión a Londres en Frankfurt. Pero no con mi ordenador, no; fue de pie ante un kiosco de internet, con un teclado metálico y de teclas redondas, desprovisto de eñes o acentos, en el que sólo pude escribir los 27 minutos que dieron de sí mis 7 euros y medio que invertí en mi abandonado blog en vez de en un buen desayuno. Ahora es domingo por la noche y y ya he perdido el hilo, porque acabo de ver a Madonna en directo en el wembley arena. Toma ya. ¿Se puede ser más chulo que yo?)

Carlsbad, California

Nada más llegar a la nave nodriza, mis superiores me han metido en una reunión tras otra; en todas he tenido que zurrarme duramente con unos y con otros para defender nuestros intereses europeos y al final, uno de los presentes que es muy salao ha mandado un mail a todos que contenía la foto de abajo y decía: "Jorge tras un día en Carlsbad, California"...

Me jode, porque soy igualito.

Derrochando inteligencia

El "Ñic-Ñic! Ñic-Ñic!" que hace mi móvil inglés al recibir un mensajito me ha despertado hoy a las siete de la mañana. Era Simon (o Saimon) asegurándose de que iba a ir al gimnasio antes de ir a la oficina, como habíamos acordado. Le he contestado que sí de mala gana por no rajarme una vez más y me he puesto el despertador 6 minutos más tarde, porque era justo lo que necesitaba.

20 minutos después me he despertado sobresaltado y aceporrado me he vestido, me he puesto unos calcetos cada uno de su padre y de su madre, he cogido mi bolsa de deporte (preparada desde hace dos semanas, sin estrenar aún) y he salido por la puerta con mi bici, y pedaleando como un jabato he ido hasta covent garden, perdiendo el resuello, hasta el gimnasio al que por fin nos disponíamos a apuntarnos. Los ojos de sapo de Simon eran tremendos por la falta de sueño, y los mios debían ser ya la hostia porque el mamón me dice: "you look like a frog!". Notejode.... De esa guisa y todavía echando el bofe le hemos dicho al menda de la puerta que queríamos darnos de alta y como era de esperar, nos ha dicho que hasta las 10 no había nadie para darnos de alta... Ya estamos! Derrochando inteligencia... no te digo na y te lo digo to.

En fin, sudado como estaba por el pedaleo, he recordado que en nuestro edificio de oficinas son muy modernos y tienen una ducha en el piso de arriba, así que como era aún pronto me he dirigido a recepción para enterarme de dónde exactmente está la ducha y si necesitaba llaves o no. Para mi sorpresa, la recepcionista era una tía rubia impresionante, con unos pechos tremendos al estilo pastora de cabras austro-húngara y durante un momento he pensado que cómo molaría si la vida fuera como en las pelis porno, en la que yo me acercara a ella y le dijera que necesitaba una ducha y ella me dijera algo como sí, pareces un chico muy muy sucio o cualquier tontería y nos fueramos juntos para la ducha, ella jugando con sus coletas y mascando chicle y yo sonriendo como si supiera lo que estoy haciendo... pero no!, ha resultado ser una inglesa tía borde que de milagro me ha dejado usar la ducha y juzgando por su cara de asco, parecía que me dejaba usarla porque olía que la necesitaba... Aunque lo dudo, porque las inglesas vienen muy guarras y mi olor, además de ser imperceptible para las fosas nasales humanas, no le hubiera importado.

Y a mitad de la ducha, zas!, de repente he caído. Anda! si no tengo toalla... Otro ejemplo de la inteligencia que me sobra. Resignado a usar mi camiseta de deporte a modo de toalla, me he dado cuenta de que había un secador de pelo magnífico... Veí mi imágen en el el espejo y me descojonaba, yo con mi cuerpazo serrano aplicándome el secador por todo el cuerpo. Y al final claro, se me ha quedao el pelo de la entrepierna a lo afro. Mu fuerte.

escribe, hombre, escribe...

Es lo que me dice todo santo dios porque no escribo en mi blog... y con razón, que ya huele michael knight y la madre que lo parió.

Esta semana y la que viene son muy importantes, tras un fin de semana glorioso en el que he cocinado lentejas importadas de españa poniendo en peligro mi vida por meter un ajo semi abierto que les dio un sabor más cercano al guacamole que a las lentejas con chorizo de toda la vida: esta semana recibo la visita de mi familia alternativa que promete ser muy interesante, empezando porque la cama donde van a dormir al menos dos de ellos llega el mismo día que aterriza su avión, que conociéndome es apurar mucho. No preocuparse familia 2, que si llega dormiréis fenomenal y si no... incesto!, nuevo juego para toda la familia!

Pero antes, mis compañeros de trabajo y yo recibimos la visita de todos los gerifaltes de nuestra empresa, que vienen a conocer nuestra nueva oficina y a emborracharse, qué coño. Les vamos a llevar a un restaurante acojonante en el que estuve con C hace un mes, que se llama St. John Bread and Wine y hemos encargado un cerdo entero para los 20 que somos, que es como una especie de salvajada, teniendo en cuenta que del cerdo se aprovecha to. Sí, yo también me pregunto si vendrá con la manzana en la boca (fruta, qué chorrada...)

Y la semana que viene, me mudo. Hala! otra mudanza, alegría...! Pero eso ya para la semana que viene.

Madura, hombre, madura...

Creo que uno de los problemas a los que personalmente me enfrento a la hora de madurar es que nadie nunca me explicó lo que “madurar” significa. Yo oía de diferentes fuentes, a veces con amargura y otras con cachondeíto la frase “madura ya de una a vez!” o variaciones, como “a ver si maduras ya…” o “madura!” a secas, pero nunca he tenido muy claro qué significa exactamente. Claro, cuando te quieres poner a ello, resulta muy difícil pero seguro que es sólo por falta de información; no hay nada más que fijarse en los tomates, ellos sí que deben saberlo porque simplemente están ahí en mi nevera y cuando me vuelvo a acordar de ellos, mira!, han madurao…

Quizá se trata de eso, sólo de estar ahí y dejar que el tiempo pase y uno un día se encuentra ya hecho y derecho. Yo sin embargo, con treinta años que tengo metidos en el culo sigo sin tener un montón de cosas sin resolver, desde lo más sencillo como el corte de pelo (creo yo que a esta edad uno debería alarmarse y actuar en consecuencia al ver que su pelucón le convierte en una mezcla de David Hasselholf y Pedro Almodóvar), hasta lo más complejo, como algunas cosas que me mueven en la vida (como una vaguería que arraiga honda; me mueve a hacer poco o nada) o las que tristemente me mueven en dirección equivocada (como el “qué dirán” o una constante culpabilidad). No sé, quizá superar mi pelo a lo pachanga es apuntar demasiado alto, pero al no tener una definición más apropiada, en algún momento debí decidir que madurar debía ser superar todas esas otras cosas. Estaba equivocado, sin duda, porque va pasando el tiempo y ahí siguen todas aguantando impasibles los envites de mi tarada voluntad.

Envidio a mis hermanos, por ejemplo. Les admiro porque ellos saben quién son, cada uno de ellos a su manera; parece no caberles dudas, o al menos, nadie vivo que yo conozca las ha visto (no preocuparse, se parecen a los Soprano pero no van pegando tiros en la rótula a la gente, o nadie vivo que yo conozca les ha visto hacerlo…) . O mi padre: creo que él también sabe perfectamente quién es, lo que le define y lo que representa, le pese a quien le pese.

Curiosamente, últimamente me he dado cuenta de que me parezco a mi padre más de lo que a cualquier hijo le gustaría aceptar, en diferentes cosas, algunas de las cuáles me aterran (como por ejemplo, que a los dos nos gusta hablar de nosotros mismos más que cualquier otra cosa, por si no se había notado…) y yo no acababa de aceptar. Hablando el otro día con él largo y tendido sobre su vida pasada y futura, recuerdo haber pensado que parecerme a él no era nada malo, si no todo lo contrario. Quizá sea eso madurar…

Lo que la gente oye en su cabeza cuando se cruzan conmigo
Escucha

Mi look aproximado

A Madrid

A Madrid que voy. Y lo hago, como siempre, rápido y corriendo. Pero estoy encantado, echo de menos a la familia y a los amigos y me muero de ganas de dar abrazos, collejear y ser collejeado (sin pasarse, c, que nos conocemos).

Estas dos últimas semanas han sido muy cansadas y he sentido en mis carnes la dureza que tanto se le atribuye a esta ciudad. En mis idas y venidas por el metro y en el autobús o a la puerta de mi casa o en el curro, he visto varias cosas sobre las que quería escribir pero no he tenido ocasión; algunas buenas, por ejemplo que tenemos una oficina nueva en la zona más chula de londres (soho square); otras aleatorias, por ejemplo que el otro día al llegar a mi casa descubrí que alguien había ido a volcar justo delante de mi puerta la arena en la que su gato caga y mea, cagadas y meadas incluídas, sin motivo aparente ni razón (no conozco a nadie en ese edificio...), y otras curiosas, como que he comprobado que todo el mundo camina más rápido que yo en esta ciudad, qué máquinas, es como si fueran a cámara rápida y mira que yo aprieto el paso en plan mecagoendiezesteenanonomeadelanta... pero nada, que no les cojo.

He comprendido también que va a pasar mucho tiempo hasta que me sienta como en casa, si es que eso es posible. Conocí a un londinense el otro día que estaba viviendo en ginebra y anoche conocí a una londinense que había vivido en NY diez años y estaba de vuelta y decía que Londres era mucho más dura. Joé! Queréis callaros?? Así no hay quien se concentre en el lado positivo!

La sensatez me persigue, pero yo soy más rápido

A las 20:29 de ayer salí de la oficina de Farnham corriendo porque llegaba tarde a cenar. Inteligentemente me dejé las llaves dentro de la oficina con lo cual el ruso no podría ya volver a entrar. Ya que no podía volver a entrar y tenía todas sus cosas allí, el ruso, defensor a ultranza de que las cosas ocurren siempre por algún motivo, me pidió que escogiera un vino español de la carta, ya que por haberle encerrado fuera de la oficina no había motivo para preocuparse por los efectos del alcohol. En algún momento de nuestra animada charla se me ocurrió mirar el reloj para descubrir que quedaban 12 minutos para el tren de las 22:30. Salí escopetao por la puerta arrastrando mi tripa llena de una ensalada cesar sin fin en la que estoy seguro debieron invertir al menos 4 pollos y 750ml de páprika y corrí calle abajo en dirección a la estación de tren. A las 22:28 observé como a cámara lenta y desde una distancia de 15 metros como mi tren arrancaba y me dejaba atrás. Indignado y dispuesto a denunciar que el tren no había salido a su hora a las autoridades ferroviarias londinenses, levanté la vista para ver que el tren salía a las 22:28 y que el tren de las 22:30 solo existía en un universo paralelo, el de mi imaginación absurda.

A las y 35, tras caminar un poco en círculos respirando hondo para asegurarme de que los 4 pollos enpaprikados no iban a abandonar mi tripa como una exhalación, me senté en un banco a esperar el de las 22:58. A las y 37 el alcohol empezó a hacer su efecto y a las y 39, pisó a fondo mi narcolepsia mundialmente conocida y me quede sopa en el banco, mi gorda cabeza colgando con ángulo de ataque inverosímil. A las 22:58 me desperté sobresaltado con el pitido que yo identifiqué con el que amablemente hacen sonar los conductores del tren para avisar que se cierran las puertas. Pensando que lo perdía, dos zancadas de baloncestista y un gran salto bastaron para meterme en el vagón con una velocidad absurda, para la sorpresa de una señora negra de unos 65 años con grandes gafas de pasta que estaba ya sentada, que pasó a sujetar su bolso con dos manos en vez de con una, me imagino que alucinada y preguntándose por qué esa persona con ojos medio cerrados había decidido entrar de esa manera tan extravagante en un vagón vacío, más que nada porque las puertas aún tardaron un eterno minuto en cerrarse.

Tratando de recomponerme, saqué mi portátil para intentar hacer algo útil. Tres minutos después decidí guardarlo porque nada útil pasaba por mi cabeza y el sueño comenzaba a rondarme. Volví a sobarme. Al despertarme solo habían pasado dos estaciones de las 10 que separan Farnham de Waterloo. Extrañamente, la señora negra se había cambiado de sitio. Cambié de postura y caí de nuevo. Entre la sexta y séptima estación soñaba que me caía y me desperté aleteando. Levanté la cabeza buscando a mi compañera de viaje y había vuelto a su lugar original. Al no parecer muy ágil la señora, empecé a considerar la posibilidad de que a lo mejor era yo el que cambiaba de sitio en plan sonámbulo, y esta teoría tomaba fuerza porque la señora no me quitaba el ojo de encima.

Llegué a casa tras lo que pareció un viaje interminable. Empaqueté mis cosas y puse en el móvil la alarma que habría de despertarme a las 4.35 de la mañana para coger mi vuelo de las 6.45 a Turín, vía París. El móvil, santa tecnología, me mostró el tiempo restante hasta la hora de despertarme y al ver que solo eran 3 horas y 11 minutos, no pude controlar un lloriqueo espontáneo sin duda proveniente de algún lugar muy hondo de mi ser que hasta ahora desconocía.

A las 5.24 me bajaba del taxi en la estación de Paddington y otra vez corriendo por el andén (esta vez más ligero), he cogido el Heathrow Express de las 5:25 de milagro. Ya en el avión, de nuevo pegué ojo de inmediato nada más sentarme, inconsciente del hecho de que tras una hora de retraso el vuelo no había despegado. El avión ha llegado con una hora de retraso a París y he perdido la conexión a Turín.

Ahora estoy en el aeropuerto Charles de Gaule esperando al próximo vuelo, tratando de mentalizarme de que aún tengo que viajar a Turín hoy, mañana a Ginebra, de Ginebra a Roma y el domingo de vuelta a Londres, y que no puedo continuar con este ritmo de carreras, privación de sueño, lesión cervical por narcolepsia y sustos a señoras, porque si no yo no llego a viejo o me entra alopecia o algo. Hombre ya!

Se acabó el whisky para mí

Hacía mucho que no me sorprendían así, pero dos americanos cabronazos lo consiguieron el viernes por la noche, me ganaron para siempre. Shawn Michels y Daryl Wiley.

Son compañeros de curro y a pesar de que nos llevamos muy bien, discutimos constantemente porque es lo que nos toca; ellos son directores de los productos que yo uso aquí y claro, la mayoría de las veces no funcionan como ellos dicen, no tienen las funcionalidades que prometen o no quieren añadir las que yo pido (cómo se atreven???). Llegaron a londres el viernes y me tocó hacer de canguro mientras estaban aquí, sacarles a cenar por ahí y a conocer esta ciudad que yo no he hecho mas que comenzar a conocer.

Nuestro jefazo total nos "ordenó" ir a un restaurante muy exclusivo que está cerca de tottenham court road y que se llama Hakkasan. El lugar es impresionante: las mesas están en el centro de una especie de loft muy grande y rodeadas por metros y metros de barra de bar en las que la gente espera a que les guíen hasta sus asientos, atendidos por una legión de camareros/as super trendy. La comida, china, la verdad es que no era nada del otro mundo, al contrario que el precio, que sí era de otro mundo, el de los forrados totales como el que nos ordenó ir allí, al que le encanta comer bien y gastar dinero - menos mal que pagaba él.

Comimos, bebimos buen vino y mientras admirábamos la carta de postres y licores, me fijé en un whisky que me impresionó: un talisker destilado en 1955 y madurado durante 38 años en barrica y cuyo precio era de 150 libras el vaso y 2250 libras la botella!! Cielosanto... pensé, y luego dicen que la gente no sabe en qué gastar el dinero. Yo sabría!! Se lo enseñé a los guiris y les dije bromeando algo como mirad, si estuviera forrado esta sería mi bebida de elección. Pedimos postre y mientras esperábamos, me levanté al baño y al regresar a la mesa, me estaba esperando un señor muy trajeado que me sonreía como un padre que mira a su hijo con orgullo, como con aprobación por haber hecho algo bien. Miré a mis amigos y ellos también se reían con orgullo y fue entonces cuando el señor trajeado me mostró una botella de whisky: Talisker, 1955, 38 años.

Pero qué hacéis?? Dije yo en ataque de pánico pensando que estaban comprando la botella entera... Pero no, lo que estaban haciendo entre los dos no era más que invitarme a una copa de whisky, la mejor que he tomado nunca y que probablemente tomaré. Por qué me invitaban? No tengo ni idea, pero qué salaos y qué ilusión me hizo. Eso sí, después de probar ese whisky, los que yo me puede permitir ya no me saben a nada... Qué maravilla, valía su precio.